Día del Cariño, ¿y después qué?

se muestra un vidrio roto por una roca. El agujero tiene el aspecto de un corazón. Se utiliza para hacer una metáfora visual sobre del Día del Cariño.

En febrero de 2014, trabajando como periodista de largo aliento en Revista Crónica, me encargaron escribir un artículo periodístico sobre el amor para la edición del 14 de febrero, Día del Cariño en Guatemala —que coincidentemente fue viernes, al igual que ahora en 2025—.

Yo sabía sobre qué no quería escribir y qué sí quería escribir.

No quería escribir los habituales artículos del Día del Amor que hacen recuento de divorcios vs. matrimonios, consejería “rosa” para parejas, la economía detrás de la fecha, los regalos de moda, etc. Yo quería abordar la cuestión del cariño, como inclinación de amor o buen afecto, de una manera más integral.

Si lo pusiera en una frase de Erich Fromm, diría que quería escribir sobre el amor desde el amor como un poder activo que atraviesa las barreras que separan al humano y lo une a los demás, capacitándolo para superar su sentido de aislamiento.

Entonces traté de bajar la idea a tierra. Comencé a jugar con los antónimos del amor: odio, desamor e incluso violencia. Porque quién puede afirmar que donde hay violencia florece el amor.

Sin violencia podemos hacer que cada día sea un día del cariño

También me tomé un tiempo para observar lo cotidiano y escuchar a la gente, y caí en cuenta de que pareciera que solo en temporadas celebramos y “practicamos” fervientemente el amor, la amistad y el cariño, con tal adoración propia del culto a cualquier deidad. Para ello tenemos la Navidad, el Año Nuevo, el Día de la Madre, el Día del Padre, etc. Es como un amor de temporada que servimos momentáneamente en medio de tanta hostilidad. ¿Y después qué?

Violencia en las calles, violencia en las familias, violencia en las escuelas, violencia en los trabajos, violencia en las parejas. No son exageradas las estadísticas al mostrar que la quinta causa de muerte en Guatemala son las balas. Si la violencia es falta de amor, hay que aceptar que en Guatemala mucha gente se está muriendo por el desamor.

 

De tal cuenta, llegué a una pregunta básica: ¿puede haber amor o cariño donde hay violencia?

Porque la violencia, en el sentido más amplio, es abuso, autoritarismo, impunidad, marginación, discriminación e intolerancia. En una palabra: injusticia.

El amor no se expresa con obsequios. El amor se expresa en la cotidianidad, en una cotidianidad sin violencia.

De ahí partí, y al escribir el artículo no pretendí que fuera una crítica de lo que somos, sino una invitación a reflexionar sobre lo que podemos ser y hacer para que la violencia no se nos haga tan habitual que dejemos de percibirla, haciéndonos insensibles ante ella.

El trabajo periodístico fue la portada de la edición de aquella fecha y, en consecuencia, el tema central de la revista.

¿Por qué recuerdo hoy esto que escribí?

Rememoró este artículo porque creo que, al igual que hace 11 años, el tema es vigente: necesitamos cultivar una cultura de paz y decir diariamente no más violencia, y hacer de cada día un día del cariño.

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